‘Verano 1993’, se acerca el estallido

Laia Artigas tiene uno de esos rostros confusos. Un tributo a la Ana Torrent de ‘El espíritu de la colmena’ (1973). Seguramente quieras besuquearle los mofletes y, al mismo tiempo, te produzca algo de miedito. Es un rostro que esconde sentimientos demasiado arduos para la poca edad que tiene. Genera una profunda empatía y unión con la persona que esté un tiempo, en silencio, acompañándolo. Es precisamente eso, el tiempo silencioso, el regalo de Carla Simón con ‘Verano 1993’ (2017). Una película que deja al público conmocionado después de 96 minutos de metraje.

Carla Simón ha rodado con 31 años una de las joyas que nacen en el cine español este 2017. La directora plasma en la gran pantalla sus sentimientos y vivencias de la infancia, con total sinceridad y sin excentricidades. Su cinta es una oda al intimismo, al silencio y al amor profundo. El personaje de Frida (Laia Artigas) le sirve a la autora para dar movimiento y actitud a sus memorias infantiles. Representa con este personaje el camino a la madurez. Frida es el personaje buscado por el resto durante la mayor parte de la historia, pero llegará el momento en el que ella tendrá que buscar al vulnerable (en este caso, a su prima Anna). Alrededor del gran mundo de Frida orbitan otros grandes mundos: Esteve (David Verdaguer), Marga (Bruna Cusi) y Anna (Paula Robles). Un sistema de astros que nace sin nadie comerlo ni beberlo y que sobrevive gracias a una generosidad y paciencia cautivadoras.

Una mención especial merece la interpretación de Bruna Cusi para dar vida a un personaje de sentimientos encontrados. Marga es una mujer de carácter duro pero que, al mismo tiempo, arropa con serenidad, madurez y calor a su entorno. Tras el intento de fuga de Frida en medio de la noche, sin grito ni lloro alguno, Marga se acuesta a las espaldas de la niña para acariciarla, abrazarla y dormir. Quizás, una de las escenas más emotivas y bellas de la película. El personaje de Marga no escapa del papel tradicional de la mujer en el mundo rural y urbano. De manera injusta y sin lazos familiares directos con Frida, será ella la que tenga que lidiar en mayor parte con la educación de dos niñas, de Frida y de su hija Anna. Vemos a Marga haciendo la comida, curando las heridas, riñendo, y sólo descansando después de un día agotador en el hogar o por un fatídico día de regla. Para bien o para mal, es Marga quien va tejiendo una red compleja de complicidad con la niña sin levantar la voz ni perder los nervios desde la parte injusta que le toca. Es por eso que, forrando los libros para el próximo curso una vez terminado el verano, Frida entablará con Marga una de las conversaciones más importantes de su vida, aunque ella todavía no lo sepa.

La joven directora catalana reconoce en una entrevista que “el cine le ha ayudado a entender el porqué de las cosas”. En esta película autobiográfica, Simón monta un puzzle sin dramatismos. Ella reconoce que “no necesitaba curar nada porque eso ya pasó y ya lo acepté”. La directora demuestra la implicación digna de una artista con el arte cinematográfico. Su apuesta no sencilla por los planos secuencia (¡y con niñas!) es un ejemplo del esfuerzo que el rodaje ha supuesto para el equipo de ‘Verano 1993’, con el consecuente excelente resultado. ‘Verano 1993’ es la representación de una difícil etapa que sólo permite experimentar y sufrir la parte más realista de una vida en un escenario alejado de placebos tecnológicos.

Carla Simón pisa fuerte en una industria complicada para todxs, pero más para las mujeres. En la última edición de los Premios Goya, sólo el 20% de las películas candidatas presentadas estaban firmadas por directoras. Fuera de los premios, los datos no varían mucho. Según Virginia Yagüe, presidenta de CIMA, “Los últimos datos que tenemos de mujeres profesionales del cine reflejan un porcentaje muy minoritario de representación: el 26% respecto al 74% de hombres, con datos de 2015”. Siendo optimista, parece que los medios reconocen ahora más que ayer la presencia femenina en el cine español. Se suman más nombres a los de Leticia Dolera (‘Requisitos para ser una persona normal’) o Nely Reguera (‘María y los demás’) que ya han ido sonando. Hace pocos días, El País dedicaba un reportaje a “la nueva y cautivadora ola de cineastas catalanas”, que incluía además de a Carla Simón a Elena Martín (‘Júlia ist’) y a Roser Aguilar (‘Brava’). Dos de ellas formadas en la ESCAC y las tres catalanas.

Verano 1993 es el culmen del talento y la muestra del absurdo que encarna en su esencia la industria cinematográfica patriarcal en todas las geografías. Como en el personaje de Frida, aquí hay mucho dentro. Y poco a poco nos acercamos al estallido, aunque todavía hoy estos temas se hablen en conferencias con solo 15 asistentes.

Ilustración de María Lempicka

2 años ago

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