Lawrence, a un palmo de la superficie.

El nuevo largometraje de Darren Aranofsky ofrece múltiples lecturas. Está la interpretación literal y más superficial de la historia que probablemente conduzca a comentarios negativo sobre la película. Sin embargo, si nos ponemos un poco más tiquismiquis, con el ojo avizor, llegamos a lecturas más minuciosas y, lxs más ávidxs, nos pegaremos más de dos días dando vueltas al estremecedor relato. Por ejemplo, Gerard Cassadó resume muy acertadamente en este artículo para Esquire algunos de los senderos mentales que el director de Cisne Negro ofrece al público en bandeja de angustia.

Aún teniendo en cuenta que la autoría de la película es masculina y que Darren Aranofsky ha reconocido que su intención fílmica tiene más que ver con lo terrenal y lo divino, Madre! exige una revisión y análisis de género que, en mi opinión, se construye tanto literalmente con detalles como la opresión que el espacio privado ejerce sobre la protagonista, como metafóricamente.

Jennifer Lawrence interpreta durante 120 minutos a un personaje frustrado, continuamente a un palmo de la superficie. Un personaje sin nombre que cumple el estereotipo de ángel del hogar. La gran mansión que Lawrence restaura para convertirla en un paraíso para su marido, es una prisión cada vez más asfixiante.

La cámara de Aranofsky se convierte en fiel aliada de la Madre y nos muestra a una protagonista cuya historia siempre depende de los movimiento del co-protagonista interpretado por Javier Bardem. Mientras Él trata de reactivar su genio como escritor esperando la inspiración en soledad, Ella se dedicará a todas las actividades propias del espacio privado/íntimo, sin descartar trabajos de bricolaje y construcción. Trabajos que, obviamente, no merecerán la aprobación y respeto más que de Ella misma.

A continuación un análisis desde los feminismos sobre los distintos elementos más allá de los mencionados que evidencian la necesaria lectura de género de esta obra cinematográfica: 

1. Papel en la sombra. Ella, más joven que Él y anónima, asume un papel bajo la sombra de su marido. De las pocas veces que la vemos sonriendo es por satisfacción al escuchar los halagos de otros hacia su marido o por leer las brillantes obras literarias de su marido.

2. Trabajadora del hogar. A lo largo del film se recogen mesas, se cocinan platos, se limpian muebles y se preparan tés. Ella es la única que mueve un palmo para que la maquinaria del hogar funcione de acuerdo a la dicotomía tradicional de género.

3. Competitividad femenina. Michelle Pfeiffer aparece en la vida de la protagonista como un pilar más para la perpetuación y refuerzo de los valores patriarcales. El personaje de Pfeiffer llegará a desaprobar el vestuario de la protagonista: un pijama translucido, que deja entrever sus pezones. La sororidad brilla por su ausencia. Pfeiffer representa la enemistad sistemática que el patriarcado ha impuesto para las mujeres a través de una lucha entre iguales oprimidas que deben perseguir la constante aceptación del género masculino.

4. Sumisión y calma irracionales. El personaje de Lawrence mantiene hasta el extremo más insospechado una calma irracional que da pie al resto de personajes a actuar con total anarquía ante su impasibidad. Lawrence representa al ángel paciente, sereno, compasivo y pacífico (al menos, la mayor parte de la película).

5. Anhelo maternal por doquier. La protagonista expone el trauma e insatisfacción que le produce no haber sido todavía madre varias veces a lo largo de la película. Sin embargo, varios detalles del guion muestran cómo, más que un deseo propio, es un deseo a costa de otro todavía más poderoso basado en la unión eterna a su marido (dependencia) de manera física/biológica a través de un bebé.

6. Amor romántico. Varias de las cuestiones anteriores más el apoteósico final de la película podrían servir como elementos descriptivos de un amor romántico llevado al extremo trágico.

7. Conclusión pesimista. Días después de ver Madre! un amigo apuntaba que, desde una lectura feminista, la estructura circular o en bucle de la historia evidencia una mirada pesimista del propio director hacia el problema sistemático que oprime a las mujeres. No hay catástrofe, por devastadora que sea, capaz de acabar con el patriarcado, parece concluir Aranofsky.

 

 

1 año ago

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