La Gaga de un cuarentón sexy de Atlanta

Dos. Dos veces en mi vida he abandonado la sala de cine a mitad de la película, escabulléndome entre las filas de asientos y siendo perseguida por las miradas de los espectadores que, por un momento, salen del ensimismamiento de la ficción y reflexionan sobre su propia opinión: ¿se va? ¿no le gusta? ¿por qué no le gusta? ¿a mí me gusta?

Una de esas veces fue ayer, viendo “A Star Is Born”, una película con un inmerecido 7 en esa plataforma tan exigente y que no deja de sorprenderme llamada Filmaffinity. No puedo estar más de acuerdo con la crítica experta de Nando Salvà que aparece bajo la sinopsis de esta web: “Predecible y repetitiva. Lo peor, eso sí, es el narcisismo que Cooper evidencia a medida que relega al personaje titular al segundo plano para otorgar al suyo los mejores momentos.” Nando, Nando. Estoy contigo Nando. ¿Cómo no estarlo? Quien no haya percibido el narcisismo de Cooper en esta película en la que, no contento con dirigirla, se ha dado el papel protagonista de estrellita-frustrada-pero-sexy de Atlanta, debe hacerse una revisión de análisis fílmico nivel básico.

Lo que pienso de esta peli, desde una teoría conspiranoica que me permite al menos hilar cabos y comprender el éxito de esta película, es que es parte de un nuevo plan del patriarcado cultural que no puede permitir que una mujer como Stefani Joanne Angelina Germanotta -con todos esos nombres casi aristocráticos no hubo más remedio que ponerse un nombre artístico como Lady Gaga-, siga construyendo su imagen de mujer transgresora, extravagante, inteligente, autómata y poderosa, a pesar de su fibromialgia, sin mostrar al mundo ningún atisbo de mujer ‘como Dios manda’.

Bradley Charles Cooper, un tío de Filadelfia con ojos azules, es un hombre de 43 años al que le pega mucho presumir de aparecer en las listas de “Los 50 cuarentones más sexys de América”. También le pega mucho que haya decidido anotarse el punto de ser el director que ‘logre desnudar’ el alma de esa mujer extraña que llaman Lady Gaga. El hombre que haga ver al mundo que no, Lady Gaga no es diferente al resto. Ella también quiere a un hombre al lado que la cuide – y le ponga guisantes congelados en la mano cuando después de dar un puñetazo se rompa todos los huesecillos-. Gaga también quiere a un tío guay, drogadicto pero talentoso, a su lado que le invite a sus conciertos (esto es muy pero que muy paradójico si te paras a pensarlo), que le ceda a su público , que le restriegue una tarta por la cara cuando se pase de lista y que le ponga un anillo de matrimonio en la mano y le organice una boda instantánea sin preguntar. Hasta aquí llegué de película.

Lady Gaga interpreta a Ally, diréis. Ally no es Lady Gaga. ¿o sí? Zagales y zagalas, la película de Cooper no ha sido un éxito por ser una película de Cooper, ni por contar la historia cutre de un cantante yonki sexy. La película de Cooper ha sido un éxito porque Lady Gaga es co-protagonista. Porque Lady Gaga, la auténtica y real, iba a salir en pantalla sin trajes raros, sin pelucas multicolor y con maquillaje nude. Ally es más Stefani Joanne Angelina Germanotta de lo que Lady Gaga ha sido nunca. Esta es la clave para desmitificar un mito, una diva, una mujer poderosa.

Podéis seguir pensando que las historias son solo historias y que al cine se va para disfrutar de la ficción. Pero Disney ha demostrado el daño que una ficción puede hacer, concretamente a las mujeres. Toda esa historia del amor romántico y el príncipe azul que os debe sonar no es una cosa del sector abuelas y abuelos diciendo a la niña: “¿Cuándo vas a echarte un buen novio?”, sino que tiene detrás una maquinaria de creación cultural muy poderosa que todavía hoy nos hace creer que Lady Gaga se enamoraría de un tío sexy yonki de Atlanta solo por sus ojos azules.

Una cosa te voy a decir Cooper, la estrella nació hace tiempo. Y no fuiste tú la que la parió.

4 meses ago

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