Hombre de clase alta/blanco/americano/hetero DE TODOS LOS SIGLOS

Hace unos días en el Matadero de Madrid tenía lugar una mesa redonda de Mujeres del S.XXI en la que se comentaba la película “Mujeres del Siglo XX” del reconocido Make Mills. Al lado del título de la mesa redonda aparecía un “+ coloquio con Mike Mills” lo que me dio a entender, al menos a mi, que DESPUÉS del debate entre mujeres habría una mini-conexión con el director para apaciguar a los que se presentasen en la sala con impulsos fans-fanáticos. El debate y la conexión transatlántica se producían dentro del marco del Festival Rizoma.

Las preguntas que rondaban por la fila de acceso en torno a este evento eran varias: 1. ¿Por qué tiene que haber una conversación con este hombre si es una mesa de mujeres? Vale, es el Director. Pero, 2. ¿Por qué es necesario que hablemos con él si es una mesa de mujeres en una jornada dedicada precisamente a las mujeres? 3. ¿Qué narices le pregunto o le preguntarán a este señor? 4. ¿Será Mills un ejemplo más de hombre vanagloriándose de cómo habla sobre las mujeres y las experiencias de las mujeres?

Los miedos y dudas se alzaron en un remolino mucho más terrorífico cuando, al entrar a la sala, nos dimos cuenta de que la mesa + coloquio era en realidad una mesacoloquio sin espacios ni guiones separadores, todo en uno. Hombremujeres en el mismo espacio-tiempo. No sólo eso. Mike Mills aparecía proyectado a modo de dios terrenal a escala x100 en una gran pantalla frente a la plebe/público/fieles. No sólo eso. La mesa de Mujeres del S.XXI estaba colocada frente a él, convirtiendo a las ponentes en espectadoras de primera de aquella extraña eucaristía. Alguien reparó en el error y se aprovecharon los errores de conexión para redistribuir los espacios, colocando a las mujeres esta vez de cara al público, bajo la proyección de Mills. Y así, bajo la luz celestial digital, quedaron ellas.

Las preguntas acontecieron como en cualquier otro encuentro cinéfilo, entre comentarios de aficionados pedantes y eruditos también pedantes. En un momento dado, un hombre iluminado por la gracia de quiénsabequién se levantó y dijo: “Oye, pero que yo he venido a escuchar a las mujeres”. De esta manera tan simple (o quizás porque lo dijo él), algo hizo click, levantando los colores a la organizadora del Rizoma que no vio necesaria la intervención pública para disculparse.

Llegó el turno de ellas que, en vez de comentar, compartir ideas o debatir, debían preguntar cosas a Mills. Fue entonces cuando un conocido joven director, valiéndose de su agencia como hombre de éxito, decidió sentarse al lado de las mujeres en la mesa. Perpleja y desubicada me encontraba yo a estas alturas, preguntándome seriamente si esto no sería una performance cargada de ironía en la que finalmente la pantalla estallaría en llamas llevándose las almas impuras y dejando en pie a las Mujeres del S. XXI.

Una de las mujeres de la mesa aprovechó su turno de preguntas para precisamente comentar POR QUÉ MILLS HABÍA DECIDIDO HABLAR SOBRE MUJERES Y CONTAR SUS EXPERIENCIAS. Y dije yo: Eso, eso. Que en este mundo ya han habido demasiados hombres que han hablado sobre mujeres y han contado sus experiencias. Mills fue my claro en su respuesta: “es una historia autobiográfica, cuento las historias de las mujeres con las que he crecido”. Y dije yo: Qué FANTASÍA hubiese sido tener en esa misma pantalla a las cuatro mujeres reales que están representadas en la película, en conversación con las Mujeres del S. XXI

Como resultado del encuentro tenemos la siguiente fotografía: Mike Mills a un tamaño que bien permite contar los lunares de su cara frente a un grupo mayoritario de fans; una mesa de mujeres silenciadas con un hombre sentado entre ellas que se siente tan feminista que no entorpece la representación; una organizadora entre el Éxtasis de Santa Teresa y Saturno deborando a sus hijos.

Todavía no se ha entendido lo de que hay que agencia a las mujeres en los espacios en los que se valen por ellas mismas que, por si alguien no lo sabe, son todos. La mesa de mujeres comentando la película “Mujeres del S.XX” no debería haber sido programada a la par que el coloquio con Mike Mills y menos en el mismo espacio si realmente se está dedicando una jornada a las mujeres. ¿Qué se pretendía? ¿Demostrar al mundo que frente a la libertad de hablar con Mills o escuchar a cuatro mujeres del ámbito artístico, Mills gana por fama y trayectoria? ¿Ridiculizarlas? ¿Poner la responsabilidad de la igualdad de representación en los espectadores que acudieron al evento?

Siento indignación con la poca consideración y respeto que se tuvo por las cuatro mujeres que guardaron un hueco en sus agendas para ser la voz de tantas y tantas mujeres artistas, para después encontrarse en un vergonzoso segundo plano a la sombra de un dios blanco-americano-hetero-rico-hombre. Desde aquí mis más falsas felicitaciones a la organización de Rizoma que debería invertir los beneficios de esta edición en algo de formación con perspectiva feminista.

1 año ago

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