El feminismo universal, por Ana Botín

El 30 de agosto de 2018 Ana Botín, presidenta ejecutiva del Banco Santander, publicaba en su perfil de Linkedin un texto titulado “Por qué me considero feminista y tú también deberías”. El País ofreció a este artículo un espacio de opinión en el periódico que pronto reavivaría el debate en torno al feminismo neoliberal o universal. Botín reconocía que si hace diez años le hubiesen preguntado si era feminista, ella hubiese contestado que no, respuesta que procedería, según ella, de una absoluta ignorancia y autoengaño ante la realidad que representa: una mujer líder de un sector tradicionalmente masculino y con una gran independencia económica.

La “declaración” de Botín sobre su condición feminista se construye a lo largo del texto sobre argumentos de carácter conservador y neoliberal. Critica, por ejemplo, los sistemas de cuotas porque, según la empresaria, “puede ser injusto tanto para los hombres como para las mujeres. No se trata de culpabilizar a los hombres. Ni tampoco se trata de dar ventaja a un género sobre el otro” (Botín, 2018). Sin embargo, su argumento dista mucho de las teorías del feminismo de la igualdad que se oponían a sistemas basados en una diferencia entre géneros como el de cuotas. Por el contrario, Botín reconoce que “las mujeres y los hombres no somos exactamente iguales, ni física ni psicológicamente. Lo más significativo es que las mujeres estamos expuestas a experiencias y expectativas muy diferentes a lo largo de nuestra vida” (Botín, 2018). Sin posicionarse así en ninguna de las dos teorías hegemónicas del feminismo, Botín se inclina de manera clara sobre una concepción de la igualdad basada en términos neoliberales, haciendo referencia a las “capacidades intrínsecas para avanzar por méritos propios” que no es más que la definición del sistema patriarcal de la libre elección. Es decir, la igualdad alcanzada y justificada a través del esfuerzo individual de cada persona – de cada mujer – que es, para muchas teóricas, el disfraz que el patriarcado adquiere en la actual era post-moderna y neoliberal, mimetizándose así con los logros y éxitos- e incluso apropiándose de ellos – del movimiento feminista.

La declaración por parte de Botín de que ella llegó a donde está “por hablar claro y trabajar más que mis jefes” obvia de manera provocadora el estatus de privilegio en el que se encuentra la ejecutiva, aunque en el último párrafo del texto reconozca estar en una posición privilegiada. Privilegio económico, social, político y, por supuesto, familiar. Ese “obviar” se vuelve contradictorio al afirmar que “cada vez que una mujer se defiende a sí misma, sin saberlo, sin pretenderlo, defiende a todas las mujeres” recurriendo a palabras de Maya Angelou, mujer feminista negra norteamericana. Surgen varias preguntas ante la reflexión de la ejecutiva: ¿Quiénes son todas las mujeres para Ana Botín? ¿Cuántas mujeres en el mundo caucásicas, heteronormativas, lesbianas, bisexuales, transexuales, negras, chicanas, asiáticas, musulmanas, cristianas o de cualquier condición sexual, racial, religioso, ideológico o político tienen la misma capacidad de elección y éxito que Ana Botín? ¿Ninguna de ellas intentó (logró) hablar claro y trabajar “más que sus jefes”? Entonces, ¿por qué no todas ellas están en la misma posición que Botín? Son preguntas que la ejecutiva no responde en su artículo y cuyas respuestas, desde luego, escapan a su experiencia.

En el texto, Ana Botín hace referencia a la obra de Sheryl Sandberg, considerado uno de los textos esenciales del feminismo neoliberal contemporáneo y que abandera un feminismo muy lejano a las premisas originarias del movimiento feminista. Aunque Botín insiste en que el individualismo de Sandberg no describe del todo su filosofía empresarial pues dice creer en el poder de lo colectivo, no duda en afirmar que aptitudes como la comunicación interpersonal, la cooperación, el pensamiento horizontal y la capacidad de escuchar “de verdad” son rasgos “naturalmente femeninos” que aportan bienestar a la empresa o, lo que es lo mismo, beneficio económico a su empresa. Botín termina el artículo incidiendo en la importancia que las nuevas tecnologías han tenido en el cambio de percepción de los feminismos en la sociedad, reduciendo la complejidad del movimiento a los últimos casos de acoso sexual que han tenido cabida en los mass media bajo el hashtag #MeToo. Ana Botín hace un análisis desde una perspectiva neoliberal del movimiento feminista que en su origen fue un movimiento de carácter reaccionario y revolucionario y, a partir de los 70, interseccional, interracial, anticolonial, anticapitalista y, por supuesto, antipatriarcal, pues eran estos sistemas explotadores el origen de muchas de las desigualdades que oprimían a las mujeres, especialmente en los países más empobrecidos y no-occidentales.

El artículo de Botín es un ejemplo simplificado pero evidente del feminismo mediático o mainstream que hoy los medios de comunicación y cultura de masas exponen al público. Este feminismo universal omite la posición necesaria de las mujeres contra aquellos sistemas aliados u homogéneos al sistema patriarcal, siempre y cuando se entienda que el objetivo de las feministas sigue siendo el que en su origen, y especialmente a partir de los 70, se pretendía: la igualdad entre hombres y mujeres independientemente de su ideología, situación económica, raza, sexualidad, religión, apariencia física o condición. Las experiencias individuales de las mujeres de éxito que conforman la imagen y norma de mujer “respetable”, blanca, caucásica, eurocéntrica, heteronormativa, femenina y económicamente poderosa, no pueden convertirse en este sentido en la referencia de la lucha feminista pues son éstas una minoría y contradictorias a las experiencias de la mayoría. Estas referencias individuales del feminismo podrían actuar como un placebo para el movimiento, cuya agenda política de cambio quedaría relegada a un segundo plano y un silenciamiento mediático, mientras la sociedad mayoritaria cree estar viviendo en una sociedad feminista que no es más que una sociedad neoliberal y patriarcal que se ha apropiado de una única idea del feminismo: la que no se interpone en la agenda política neoliberal, sino que la alimenta. La agenda de los feminismos y por la igualdad se convierte así en una carrera por los puestos de liderazgo de empresas occidentales que son las mismas empresas explotadoras que perpetúan sistemas de dominación occidental sobre sociedades más vulnerables.

No es cuestión de entregar o retirar a nadie el carnet de feminista, pero considero que cualquier persona que se incluye en una descripción, sea cual sea, debe asumir, como mínimo, el interés en la materia que el título merece. La influencia de un personaje público y tan poderoso como Botín requiere un importante compromiso tanto con los mensajes que emite a la sociedad como las reflexiones que a través de los altavoces mediáticos difunde. En este caso, conocer los detalles sobre la historia de los feminismos o el movimiento feminista en todas sus manifestaciones para no quedarse en un análisis superficial, perpetuado por los medios de comunicación de masas y los círculos elitistas en los que se mueve, resulta no solo una buena idea, sino una obligación.

8 meses ago

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