El espejo hace el reflejo

La cobertura mediática sobre el acoso y el machismo que aflora en una fiesta tan colosal como San Fermín me interesa especialmente porque he nacido en Pamplona. Sin embargo, desde la terrible noticia del año pasado, mi interés va más allá de cuestiones castizas.

El 10 de julio de 2016  unos cuantos “hombres” quisieron desbancar a los toros de su puesto como animales simbólicos de las fiestas (con toda la polémica que esto genera y que no es mi intención analizar aquí), y se desencadenó una vez más un fructífero y despiadado juicio social en el que, como de costumbre, los medios de comunicación asumieron el papel de jueces. No habían pasado 24 h desde la denuncia en la Comisaría de Pamplona de una joven por una violación múltiple y en las redes sociales ya se estaba debatiendo sobre lo correcto o incorrecto, lo ético o inmoral, de que en los medios (y en las redes sociales) se publicase la foto de los agresores antes de que el juzgado se pronunciase.

Un año después del delito cometido por La Manada, los medios de comunicación y las fuerzas de seguridad compartían el estado de alarma desde el 6 de julio. La diferencia entre unos y otros es que los primeros, en el fondo, esperan que algo malo ocurra para poder respirar. Es como el que ve el encierro con la esperanza de que los toros se ensañen con algún corredor o corredora o como el que va a la plaza de toros bajo la fachada cultural con el deseo de ver sangre. Es el morbo que asola y alimenta nuestras despiadadas mentes.

La pereza que me da ver Espejo Público no se puede explicar con palabras. Es uno de esos programas que se alimentan del drama y las injusticias sociales. Un vampiro televisivo que chupa sangre para rejuvenecer. El colmo es que les funciona.

El pasado 13 de julio los astros se alinearon de tal fatídica manera que tuve que buscar el programa. Tal y como requerían las fechas, una mesa de debate de Espejo Público se dedicaba a la violencia machista en San Fermín. La noticia que servía para iniciar la conversación era la denuncia de varios colectivos feministas contra las chapas y camisetas con contenido vejatorio que se comercializaban en las fiestas. Con este titular, cada personaje invitado aprovechaba sus minutos en pantalla para soltar lo que le parecía. Pues bien, mis pelos se vinieron muy arriba cuando Susana Griso, como siempre tan imparcial a pesar de las burradas intolerables que escucha, preguntó su opinión a Ignacio Gordillo, ex-fiscal de la Audiencia Nacional.

Este “señor” que ahora ejerce su trabajo como abogado en el sector privado, se pronunció de la siguiente manera:

“Por una parte, siempre hemos dejado claro en este programa que tolerancia cero frente a estos temas. Pero también hay que dejar claro lo que es abuso y lo que es agresión. La agresión sabemos que es con violencia e intimidación física o moral, pero para que sea delito debe haber  ánimo libidinoso. ¿Qué es el ánimo libidinoso? El ánimo de atentar contra la libertad sexual de una persona. Es decir, un mero tocamiento en una relación de amistad, no es delito, no es abuso. ¿Cómo se atenta contra la libertad sexual de una persona? Cuando esa persona no quiere esa relación. Es decir, cuando es contra su voluntad. Si esa persona acepta esa relación sentimental…”

Bueno, la primera frase es preciosa. Así que comentarios a parte.

Sobre el resto, todo me parece una mala broma: 1. La chapa del ex-fiscal ignora totalmente el problema de las chapas que se supone que están debatiendo. 2. Agradezco mucho que profesionales juristas analicen casos de agresión machista, pero agradezco mucho también que cuando lo hagan tengan formación en género y adopten la correcta perspectiva para hilar su discurso. 3. Agradezco mucho también su explicación sobre cuándo una agresión se considera delito y todo eso sobre el ánimo libidinoso. Pero me pierdo totalmente cuando dice que un “mero” tocamiento no es atentar contra la libertad sexual de una persona. 4. Tampoco entiendo que dé por supuesto que todos los “meros” tocamientos se producen entre amigos. Gordillo, ¿de qué caso estás hablando? Espero que no te refieras al caso de la chica que en el chupinazo tuvo que encararse a unos idiotas que quisieron levantarle la camiseta. Creo, sólo creo, que no eran sus amigos. 5. Aunque, bueno, quizás sea que yo tengo unos amigos muy geniales que nunca me harían eso y estoy muy equivocada con la vida en general.

Con la sangre ya caliente después de escuchar a Gordillo, sólo quería apagar y olvidar. Sin embargo, una mujer de la mesa de debate no dejó tiempo para el respiro y, antes de que el ex-fiscal terminase su última frase, saltó a la palestra. Aquí su intervención:

“Si le tocas el culo a una chica para empujarla, porque estás borracho y la empujas, tampoco hay abuso sexual. En San Fermín creo que hay muchos empujones, muchos tocamientos…”

(De fondo, Gordillo: “Eso es… no hay ánimo libidinoso”).

Ignoro quién es esta mujer porque ni se dignan a ponerle un rótulo, pero no doy crédito. Escuchar ‘empujar’, ‘tocar el culo’ y ‘tampoco hay abuso’ en una misma frase tiene el mismo efecto que un tratamiento de descargas eléctricas contra mi cerebro. Si encima la frase la dice una mujer entonces ya es como saltar descalza sobre una tabla de tornillos invertidos que agujerean mis pies hasta hacerlos desaparecer. Espero haber sido lo suficientemente literal.

La verdad es que estoy harta. Harta de las noticias sobre las mujeres que enseñan las tetas en San Fermín para que supuestamente se las toquen, harta de las personas que tocan y empujan “sin” y con ánimo libidinoso, harta de que San Fermín se convierta en un lugar temido para nosotras, harta de que los medios de comunicación se aprovechen de la lacra machista que sufrimos varios colectivos (no sólo las mujeres) en todo lugar y tiempo, harta de que se siembren dudas sobre nuestras denuncias y protestas, harta de que no se hable de nuestra lucha contra la violencia machista y sólo sobre nuestras desgracias, harta de que estas desgracias incluso se justifiquen. En fin, muy harta.

La verdad es que me gustaría. Me gustaría que si decido hacer topless en la plaza del Ayuntamiento o en cualquier lugar no viniese una manada a tocarme los pezones. Me gustaría no tener que enfrentarme a un juicio por sufrir violencia machista. Me gustaría no denunciar ninguna agresión o abuso.

Pero, sobre todo, y dentro de una realidad factible, me gustaría que si denuncio una agresión ningún medio de comunicación ponga en duda mi palabra y sea un juez el que dicte sentencia. Me gustaría que el juez (hombre o mujer) que dictase sentencia fuese feminista y trabajase con perspectiva de género.

Señor Gordillo y resto del equipo de Espejo Público: es el espejo el que hace el reflejo de las personas. Queda en sus manos que el reflejo del público de este país sea algo más digno y constructivo.

Para quien tenga agallas, aquí la URL al programa (1´26´´´00´´)

Y aquí otra versión, más rigurosa y contrastada, de lo que fue San Fermin 2017

Ilustración de María Lempicka

2 años ago

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *