Colossal (2016): Patriarcado como jabalina

Gloria es uno de los personajes más singulares que Anne Hathaway ha interpretado desde su primera aparición en la gran pantalla junto, quizás, la Amelia Brand de Interestellar (2014). En Colossal (2016), Hathaway se convierte en la pieza clave para dar movimiento a la ironía y complejidad del último trabajo de Nacho Vigalondo que sorprende de nuevo con su gran ingenio.

Colossal es una historia sobre el maltrato contada desde un prisma original y fantástico. Un monstruo y un robot personalizan las dos grandes fuerzas humanas que se enzarzan en una lucha física y psicológica con un desenlace difícil de predecir. En el mundo de los monstruos y los robots no existen las estructuras sociosimbólicas patriarcales tradicionales. En Colossal las relaciones políticas de poder del orden sexual se invierten. El hombre no está por encima de nadie y menos de un monstruo. Surgen dudas sin embargo respecto al orden racial. Siguen siendo los blancos americanos los que tienen el destino del mundo en sus manos, incurriendo en un occidentalismo que suelta algo de tufillo, todo hay que decirlo.

En el último trabajo de Vigalondo, el éxito del desenlace se cuece desde el principio con situaciones que pueden levantar ampollas entre el público más exigente que haya leído titulares como <<La película más feminista del año>>. Efectivamente, la protagonista no se construye a partir de una figura fuerte y segura. Por el contrario. Gloria es una mujer alcohólica, despechada por su novio, sin trabajo, sin ambición, con un tic nervioso y despistada como la que más. Sus decisiones las toman los hombres que orbitan en torno a ella. Gloria debe abandonar su casa en NY porque su novio (Tim) no la aguanta y termina trabajando en el bar de su pueblo porque su amigo de la infancia (Óscar) se lo propone. La rutina de sumisión no se rompe hasta que Gloria derrama una cerveza que Óscar le obliga a beber con autoridad. Sublevación que ocurre una vez que Gloria ha descubierto su extraña conexión con un monstruo capaz de destruir o salvar el mundo. Una doble identidad invencible.

Vigalondo ha conseguido crear un mundo paralelo en el que todas podríamos reflejarnos para subvertir la tradicional debilidad que han insistido en imponernos ¿Y si todas tuviésemos un monstruo al otro lado del mundo? Salvarnos a nosotras mismas debería ser suficiente argumento para plantar cara al patriarcado materializado en la violencia más necia. Esa explosión de empoderamiento es capaz de generar una onda expansiva que dará la vuelta al mundo.

Es de agradecer que Vigalondo no haya dejado el mensaje más feminista de la película en el escondido rincón del análisis fílmico. Por el contrario, éste aparece en unas breves líneas de guión que son el resumen de todo lo que es Colossal. Gloria, frente a Óscar, derrumba la fachada de su ex-amigo y de unos cuantos más. Lo que su amigo de la infancia siente no es un amor por ella tan profundo que despierta el descontrol y los celos, sino una triste y gran decepción consigo mismo. El desengaño de la gran falacia de que como hombre, el éxito y la superioridad deberían estar asegurados, junto con la imposibilidad de aceptar lo contrario. 

Ilustración de María Lempicka

2 años ago

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