Amaia, a secas

Me caerán pedradas por esto pero si no lo digo reviento.

Primero una confesión: soy una de esas miles, millones, de personas que se engancharon a OT. Empecé viendo solo las galas y terminé conectándome al canal 24h los miércoles por la mañana para “asistir” a las clases de cultura musical de Guille Mikyway. Por supuesto, estaba al tanto de cotilleos profesionales y personales de l@s concursantes más prometedor@s. Las noches de lunes eran citas colectivas con amig@s sagradas y mi móvil estaba siempre con al menos un 60% de batería para poder comentar con mi ama los acontecimientos en directo. Lloré varias veces. Entre las lágrimas más memorables destacan la interpretación de La Puerta Violeta de Rozalén, Aitana agradeciendo a sus profesor@s creer más en ella de lo que ella nunca había creído, y la visita de los familiares a la academia (la madre y el padre de Alfred me conmocionaban tanto que tuve que negarme a ver más imágenes de esta naturaleza).

No todo fue bonito. También me cabreé y expresé malestar en mis círculos. Los vestidos diminutos que limitaban e incomodaban a Aitana en más de una gala, la clase de “protocolo” en la que medían los cuerpos de los concursantes para valorar si pasaban por el aro del canon, la hipocresía de RTVE que viraba entre la visibilidad LGTBI+ y los detalles más casposos de sus formatos televisivos tradicionales como una nula representación multicultural de este país ocupan el top 3 de mis haterismos.

En fin, qué de cosas.

Sin embargo, lo que me trae hoy aquí se refiere más bien al post-OT que al concurso en sí. Voy a prescindir de comentar la actitud machista e infantil de Cepeda (28 años) con Aitana y su falta de respeto a la vida privada de esta gran mujer. Hay una publicación con la que no puedo estar más de acuerdo y que dice todo lo que debía decirse. Escribo  este texto concretamente para hablar del dúo Amaia y Alfred que nos representará en Eurovisión (creo que me voy a ganar much@s enemig@s con esto).

No voy a esconder mi cierta “enemistad” con Alfred desde el inicio del programa, aunque llegué a empatizar con él en ciertos momentos y no creo, de verdad, que sea mal chaval. Sea como sea la cosa, hay algo que me pincha como feminista y me molesta desde que surgió el amor entre él y la pamplonesa. No seré yo quien ponga en duda el amor que se profesan. Vivan los sentimientos verdaderos, en la tele o en la pescadería. Pero me resulta inevitable sentir incomodidad al ver el despegue musical de Amaia literalmente fundido al de otro ser, Alfred, que, personalmente, me parece un músico mediocre al lado de ella.

Durante todo el programa Amaia fue la gran favorita del público. Algun@s nos llegamos a cansar de la excesiva espectacularidad que se dio a su peculiar personalidad, pero en el escenario era innegable. Un descubrimiento, una grande. Ella sola se comía los oídos de tod@ el/la que la escuchase. Y ahora, con OT en el pasado, resulta que no hay manera de verla sola hablando o cantando. Siempre aparece acompañada de Alfred (en una ocasión la vi con Noemí Galera) y siempre canta Tu canción. El tema en torno al cual giran todas las entrevistas es cómo se conocieron y qué sienten al mirarse mientras cantan (disculpad) una cursilada musicalmente agradable. A esto vemos reducida una estrella que se ve evocada a un contrato de promoción firmado con TVE y a una estrategia de marketing cuidadosamente diseñada para el grueso del público de OT: adolescentes instagram-adict@s.

Me enfado y deseo con todas mis fuerzas que pase mayo y podamos ver a Amaia sola, cantando covers al piano o sus propias composiciones. Por supuesto, tendrá a quien ella decida achuchar cuando baje del escenario y termine de dar las gracias al público que viene a verla por su inmenso talento. Si le dejan, se comerá el mundo que es lo que merece y lo que se ha ganado sin ayuda de nadie, más bien con sus impresionantes actuaciones en solitario en la academia y su transformación animal sobre el escenario (después de Love on the brain…yo ya). Mientras tanto, Alfred puede labrar su propio camino y también le deseo lo mejor, no os creáis, que bastante jodida está la cosa para los profesionales de la cultura.

Van a ir los dos a Eurovisión, es normal que se promocionen juntos” o “Eres una hater de Alfred, se te ve el plumero”. De verdad ¿no habéis pensado por qué la victoria de Alfred y Amaia para ir Eurovisión 2018 es más importante que el hecho de que Amaia haya ganado el programa más relevante de los últimos años de la TV española? Es normal que TVE promociones Eurovisión, que para algo lo emiten ellos, pero ¿y el resto de cadenas? ¿Venden música o amor romántico? ¿Venden talento o tradición? ¿A quién le importa Amaia a secas?

Ya está, ya lo he dicho.

Ilustración de María Lempicka

1 año ago

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